jueves, 26 de mayo de 2011

Amor en tiempos ficticios

Solían jugar separados, nunca fueron amigos y odiaban aquellas reuniones familiares donde cuestionaban a sus padres por la vida que llevaban.
Él, ocho años de corta edad, sin responsabilidades llevaba sobre sí una carga pesada, su madre se había enamorado de otro hombre el que nunca será como un padre, pero ocupa su lugar. Ella, tenía ambos padres pero pasaba más tiempo con sus tíos que la amaban y ella a ellos más que a sus padres.
En cada junta familiar, los tíos, primos, nietos y amigos se dedicaban a recrear la vida que han llevado hasta ese día, las aventuras y desventuras que aburren a todo pequeño pero que a la gente mayor entretiene. No sabían que hacían ahí, pero se miraban sabían su secreto: el padrastro de él, con la madre de ella juntos en una habitación gritan y se dicen "amor" relatan dulces historias de engaño y pasión, sólo ellos dos sabían ese tesoro, y por eso se odiaban dulcemente sin hablar. No había espacio para preguntas, ni menos para respuestas pero cada uno con su vida.
- Hija, ve a jugar con tus primitos, mira ahí esta Nicolás, vayan a jugar.
- No quiero mamá, déjame comer aquí.
- Bueno hija, pero no interrumpas las conversaciones ¿bueno?
- Sí mamá.
Así se pasaba cada junta familiar, la misma relación distante y el mismo sufrimiento que clavaba toda un alma y una vida de desdichas amorosas, creció entre peleas y amores sin jamás olvidar esa triste realidad que sufría, tampoco pensaba que su vida comparada con la de otro, era maravillosa.
15 años tenían ambos cuando, la abuela falleció y requirieron de una junta extraordinaria, hace tres que no hacían una pues el tiempo de todos era escasos y en siglos modernos lo que menos hay es cariño para dedicar a otro ser. Cada persona se ubicó en un rincón, abrazos llovían y llantos caían de los rostros más cínicos jamás pensados, cosa extraña para quienes en realidad sintieron amor por la anciana que no quiso a nadie en todos sus años.
- Hija, anda a ver a tu abuela, anda a despedirte.
- No quiero mamá, estoy bien.
- Bueno, pero no interrumpas a la gente ¿Bueno?
- Si mamá, no lo haré.
Y se pasó la tarde hablando con su mente, pensando en que era hora de decirle a mamá lo que sabía y gritarle a papá que lo amaba y que por eso era mejor que se fuera con esa mujer a la que veía a escondidas. Lo correcto era saciar su interior y dejar entrar la verdad como una luz resplandeciente. No, no era momento era mejor esperar. "Nicolás" pensaba, hace años que no lo veía pero el odio le impedía sentir compasión o sentimiento alguno, no hay tiempo de escribir destinos sobre él.
Era tarde, y por una puerta entra el famoso joven, más hermoso que nunca, pero nadie podía verlo, su padrastro no era de la familia y él no era bienvenido, nadie se dio cuenta del tatuaje que sobresalía por su cuello, nadie relacionó sus 15 años con su rubia cabellera de 23. "Nicolás" pensó nuevamente la joven, ahora con un tono diferente, "debo hablarle" siguió exclamando para sí.
- Hola
- Hola
- ¿Cómo estás? - dijo en tono nervioso, con la palidez en su rostro como si fuera a vivir algo jamás vivido.
- ¿Por qué me hablas? Te debo algo quizás, recuerdame.
- No, tengo algo que decirte pero no sé si sea lo correcto.
- Bueno, dime ahora.
Y en ese momento, todas las miradas giraron en torno a ellos, y ella misma sentía como la presión subía y bajaba, las ganas de golpear a ese joven subían por sus pies hasta llegar a sus ojos, era inevitable apretar los puños y bajar la voz hasta mencionar entre dientes lo que continuaba:
- No puedo decirlo aquí, mañana en el funeral te veo.
- Bueno, ahí estaré.
Toda la noche se la pasó pensando en ese hombre que a tan corta edad llevaba la misma carga que ella. No fue al otro día al funeral, su madre comenzó con desmayos y se la pasaron en el hospital esperando la respuesta del doctor que al final del día fue: Señora usted está embarazada, tiene cuatro meses la felicito. Memorable fue ver el rostro de su padre al recibir la preciosa noticia, brilló como no lo hacía hace años, la abrazó fuertemente, pero ella sin entusiasmo dijo "es imposible", y todos sabían porqué, incluso su papá, pero la idea no era horrible, solo esperanzadora.
Cinco años pasaron, y una nueva junta familiar convocaron para discutir la herencia, pues el abuelo falleció y nadie se enteró, murió en Brasil en manos de unas brasileras bailarinas, seguramente muy feliz.
- Hija, no firmes nada sin antes leer, y recuerda que tu hermanito necesita de esa herencia, no sé por qué tu abuela te dejó cosas sólo a ti.
- No quiero la herencia.
- Hija, haga lo que usted quiera pero no interrumpas la ceremonia.
- Bueno mamá.
Era lo mismo de cada vez que se juntaban, cambió sólo su edad y el resentimiento era mayor aún. Nicolás entró por la ventana, siempre llamando la atención. Se miraron con furia, pero sin hablar el sentimiento se presenció en toda la habitación, las flores bajaron de su forma preciosa, el cielo se nubló, la luz comenzó a parpadear y los bebés presentes intentaron sollozar antes que sus madres alarmadas les hicieran callar. El ambiente era denso, pero ya no eran niños y las diferencias podían ser arregladas.
- Nicolás acércate un momento porfavor.
- Dígame
Y ella por primera vez miró su ojos brillantes y pardos como cuando eran niños, nunca jugaron juntos pero ella podía ver sus ojos color rojos por la furia. Observó detenidamente sus pestañas largas y claras como observar una pequeña niña. Su perfecta nariz delgada y su rostro tosco como de varón italiano; sus labios no tan gruesos pero perfectos y color rosa por la mañana. Su barba perfectamente alineada y rubia, su cabellera larga como rockero de la edad moderna. Se imaginó recibiendo un abrazo de aquella figura varonil.
- ¿Me puedes decir que quieres? - señaló Nicolás con voz de hombre, que nunca ella había notado.
- Ambos sabemos lo que está pasando
- Te equivocas, no tengo idea, siempre he creído que eres un poco loca
- Que inmaduro, me refiero a la aventura entre mi mamá y tu papá.
- Pero eso es de hace años, teníamos como cinco, hay que olvidarlo
- Te equivocas mi hermano es hijo de tu padre, lo sé y lo afirmo.
- Bueno ya y que quieres que haga ya no vivo con ellos, no tengo nada que ver.
- ¿No me odias por eso? - Se atrevió a decir, temblorosa, con temor y ansiosa por recibir una respuesta
- Admito que antes lo hacía, pensaba que mi papá quería estar contigo por eso buscaba a tu mamá, pero ahora ya estamos grandes no tiene sentido, si ocurre algo es producto de nuestra imaginación
- Gracias
- De nada, me voy a seguir celebrando.
Y no pudo decirle nada más, esa respuesta tranquilizó su ser, era estúpido pensar que el odio existía aún, pero ¿por qué podía sentirlo? Seguía pensando sobre ello, y su vida se la pasó pensando en ello. Tenía 20 años y no entendía que ocurría, el revoltijo de sentimientos en su interior la hacía pensar "que maravilloso hombre es ese, mi primo, mi enemigo, el producto de una historia dolorosa".
- Hija, puedes venir a la casa tenemos que hablar. La llamó por teléfono su madre, con una voz triste.
- Que pasó mamá, cuéntame.
- Hija, es hora que sepas lo que hemos guardado para ti hace mucho tiempo.
- Pequeña mía, no nos odies por esto - le dijo con lágrimas en los ojos su padre, ese hombre perfecto que ella veía todos los días sonreír aunque las desgracias cruzaran la puerta de su fantasía.
- Hija, Hans no es tu padre, tú eres hija de otro hombre que conocí en mi juventud, un hombre que amé muchísimo pero que me dejó cuando tenías un año, ahí me casé con tu papá y esa es la imagen que hemos querido que tengas.
Sin palabras, sin expresión, sin entender, sin saber absolutamente nada, se encontraba sin identidad, pensando en un padre que no existe, pensando en un hermano que adoraba pero que no era de su sangre ni la de su hermoso padrastro. En cero estaba nuevamente, tal cual esa noche que vio a su madre con otro hombre besándose en la cocina, y en la billetera de ese hombre la foto de Nicolás.
Mamá ya no era lo poco que quedaba, ahora era simplemente nada, una fantasía, una ficción por la cual sentía compasión. Siempre diciéndole qué hacer, y ella siempre sin entender que hacía su madre.
Tomó sus cosas, les dio un beso en la frente, se marchó caminando por las calles oscuras, una noche fría por cierto, a su lado llegó su padre, sí su único padre perfecto. Caminaron en silencio hasta el puente, donde ella tomaría el bus que la llevaría a casa de sus tíos, sus otros padres.
- Pequeña, no me odies, siempre te he querido como mía.
- Papá, no interrumpiré mi cariño hacia ti, por las tonteras que comete mi mamá. Adiós, Te amo.
Subió al bus, olvidando todo aquello que dejó atrás, vacunándose contra toda mala suerte que podría llegar, pensó "si lo hago ahora, más adelante no tendré que hacerlo" y dejó su mente en blanco. En la parada número 24, subió aquél ser único e inconfundible aquél que su interior volteaba, aquél que le hacía sentir odio y amor a la vez, ternura y amargura al mismo tiempo y fue cuando comprendió... nunca lo había odiado, siempre fue amor u atracción irresistible. Estaba destinada, aunque no creía en el destino. No quería aceptarlo, eran familia o solían serlo. Lo deseaba, quería pasar la noche junto a sus ojos. No podía evitarlo, no pensaba en su padre, no pensaba en su hermano, no pensaba nada más que sus manos sobre su rostro; creía que el mundo se había detenido. Sacó su espejo miró su rostro y se vio por primera vez como era ella misma, delgada, pómulos rojizos, ojos celestes...¡Cómo confundirse! Jamás se había parecido a su padre. Ahora comprendía los comentarios, las burlas y la negación de la abuela.
- Hola mujer.
Miró a esa figura exquisita sobre el asiento, notó su sexy tatuaje y su cuerpo desarrollado.
- Hola hombre - mencionó, enamorada de algo que no existía, una relación de mutuo acuerdo para conquistar.
- Se te nota triste, me sentaré contigo.
- Voy a casa de Ana, ¿me acompañas?
- Claro, no dejaré que mi hermosa prima camine sola por la noche
- No soy tu prima, y gracias por lo de hermosa.
Fueron juntos charlando acerca del odio que podían sentir, él la miró detenidamente, todo su cuerpo observó, se detuvo en sus piernas alumbradas por la luna y desnudas bajo una minifalda. Por primera vez la encontraba atractiva, tal cual escuchaba a su padrastro mencionar el atractivo de esa señora con la que lo sorprendió en el cuarto. Le atraía esa imagen de mujer desprotegida, era la hora de cautivarla, era hermosa, simplemente hermosa.
Ambos se miraron con cierta curiosidad; con cierta pasión, tanta historia los unía, y ahora los separaba una distancia mínima, querían dar el siguiente paso.
- ¿Nos vemos mañana?
- Te estaré esperando, quiero seguir conversando sobre la abuela, son buenas historias.
- No dudes que llegaré ahí a ver tu tatuaje.
- Buenas noches.

Por un segundo se sintió en las nubes, parte de algo que no comprendía, algo que no tenía principio ni final, pero que estaba comenzando. Un amor ficticio, que no sabía si tenía duración pero sí sabía con certeza que desde siempre lo adoró, sin hablar sólo con miradas amaba su inmadurez, su desarrollo lentamente varonil, adoraba la pasión con la que defendía sus ideales. Simplemente, lo amaba; y todo lo vivido ese día era parte de un amor en tiempos ficticios.

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