Hace dos noches que no me deja dormir, es un malestar como ningún otro, un frío que más que congelado es triste, una sensación extraña que se apodera lentamente de cada trozo de mi cuerpo y no me deja pensar. Es algo así como la tristeza.
Este es un medio de rescate sicológico, donde mis manos no tienen necesidad de aceptar una orden sino que actúan sin indicación alguna; mis pies estan sin moverse y mis ojos clavados a la pantalla casi desorbitados se ven algo cómicos. Debería ahora mismo estar con un cuaderno pegado a mi rostro, y sin embargo estoy invirtiendo tiempo en esto, que lejos llegaré así no crees? Ni modo, cada uno es lo que puede ser y lo que quiere ser, por el momento soy lo que puedo.
No creo que todo sea malo ni menos fúnebre, pero si entiendo que todos tenemos un día en que nada nos resulta, un día oscuro de esos en los que si te hablan, muerdes. Bueno, este no es mi día aunque ha sido de los mejores, algo aquí no anda bien, la máquina se ha descompuesto pero el técnico no puede hallar un repuesto porque ni él ni la máquina saben lo que pasa.
Busco si es que hay una canción, un poema, una imagen, una película, una novela, un comics, un programa, un paisaje o un comentarista que pueda expresar estos enigmas pero adivina, NADA. Cómo saber si soy esto o soy otra cosa? Tantas preguntas y tan pocas respuestas, y no es DIOS quien tiene la culpa, él nos entrega las respuesta y los caminos, somos nosotros los que no sabemos bien hacia donde mirar y siempre pero SIEMPRE tomamos el camino incorrecto y a medida del andar encontramos un error que nos hace desviarnos y seguir por el camino que sí era. Escuché una vez una historia que hablaba de la tortuga y el oso.
La tortuga no sabía el camino que daba al lago pero el oso sí, y la pequeña preguntó :
- Señor oso, ¿puede mostrarme el camino correcto al lago? Debo tomar rápido el agua y venderla a mis vecinos, los ingenuos compran al precio que se les venda.
- Tortuga - dijo el viejo oso fumando de su pipa - existen dos caminos y yo te diré cuál es, pero debes prometer que si te encuentras algo de valor volverás aquí y lo entregarás.
- Claro, dígame cuál es.
El señor oso señaló el camino más oscuro y tenebroso, de donde salían arañas y murciélagos. La tortuga sin vacilar tomó aquél camino, lentamente iba atravesando pantanos, caminó doce horas sin hallar el lago cuando de un árbol saltó una ardilla.
- Tortuga, vendo sopas y manjares al precio de una parte de tu caparazón.
- Estás loco es un precio muy alto, prefiero morir de hambre.
- Pues te lo pierdes.
- Esta bien, no me queda otra.
Aceptó tal precio perdiendo un trozo de sí misma. Siguió su camino jadeando y apenas arrastrando los pies. Llegó al lago toda sucia y sedienta, bebió cuanta agua pudo y guardó el resto para comercializarla. Volvió por el otro camino el bonito, verde y floral.
Fue tan aburrido que se sentó a descansar y a pensar en lo que el señor oso le había comentado.
Al llegar donde su viejo conocido, entablaron una conversación.
- Encontraste algo no puedes mentirme.
- Oso, no me encontré nada me haces perder el tiempo.
- Piensa un poco.
- Eso hago...
- Estoy seguro que una ardilla te hizo razonar.
Entonces la tortuga entendió todo, lo que había encontrado de valor era su propia experiencia, ella vendía el agua a un precio imposible, y a ella le vendían la comida a un precio muy alto, aún así tuvo que aceptar para sobrevivir pero nunca había pensado en aquello... Agora debía devolver aquel consejo.
- Señor oso lo entendí, debo ser más generosa con el agua.
- Bien, lo entendiste puedes marchar.
Eso es resumen.
Buscaré mi esencia en el camino correcto, tal vz pueda encontrar ese consejo que me hará caminar por vías de calma.
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