sábado, 12 de diciembre de 2009

Philip: una historia difícil de comprender. Parte I


Philip vive en las sombras y en la luz, él te sigue.
Bajo el sol naciente de la montaña alta, la señora del bolso verde disfruta de su jugo de frutas recién comprado, piensa en qué diablos hacer de almuerzo, por allí pasaba El costurero quien llevaba en su mano una bolsa de papas pequeñas que regaló a la señora que posaba sus faldas a los pies del alto monte; ahora ella tendría qué cocinar.
El herrero, fabricando espadas gruesas para el Rey, cortó su mano cruelmente, la que de inmediato comenzó a sangrar; por allí pasaba Noris el Caballero y al oír los gritos desesperados del manco acudió en su ayuda, pero al creer que se trataba de un animal acorralado entre las manos del pobre señor tomó su espada y por equivocación cortó la otra mano de El Herrero. Que triste situación tuvo que observar El pobre hombre Rico que en ese instante compraba herraduras para su Caballo Blanco. Aquel hombre quedó anonadado con aquella escena, tomó su Caballo Blanco y galopó al palacio Real informando en seguida al Primer Encargado de Correspondencia Real que luego avisó al Informante Principal de la Realeza, quien con mucha paciencia para recordar el mensaje dio el aviso al Cartero Número Uno del Rey quien corriendo a la ventana de la princesa gritó un Te amo luego aprovechando la euforia, corrió hacia los Guardias Reales a quienes les informó su condición Real y les obligó a abrir la puerta principal, la que chilló desenfrenadamente despertando a cual rata dormía dentro del Palacio Real. Llegando al lugar del Rey le comunicó: <<"Su alteza, hemos recibido mensajes de un Pobre Hombre Rico que por la calle principal pasaba, ha dicho que ha visto dentro de una tienda a dos hombres violando las leyes, han estado asesinando animales y asandolos a fuego lento, se los comen y luego van por mas, uno de ellos es Noris el Caballero y el otro resulta ser El Herrero, su Alteza esperamos instrucciones de procedimiento".>> El Rey desconcertado, envío al Ejército Rudo Real en busca de esos hombres rebeldes que no acataban las reglas reales.
Mientras tanto, por los alrededores La Princesa escapaba desde su ventana cayendo a los brazos del Cartero Número Uno del Rey quien entusiasmado se aprovechaba de la pureza de la joven tocando partes que no se debían, pero era inevitable si traía sus tobillos al aire. Escaparon silenciosamente mientras el Ejército Rudo Real perdía valioso tiempo formándose para salir.
La señora del bolso verde vio aquella escena y alarmada tomó una de sus papas & se la lanzó al Cartero Número Uno del Rey acertándole en plena cabezota, éste cayó cual saco de plomo al suelo de pavimento.

Continuará

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