Cleo esta sentada mirando el patio, como todos los días a esa hora, se pregunta si alguien vendrá a tocar el timbre sólo por equivocación, espera ansiosamente que alguien pregunte por una tal ... Antonia y ella decir : "no aquí no vive nadie con ese nombre, pero si gusta le invito a pasar para que podamos buscarla en el directorio".Sentada, con su rata dando vueltas en su jaula, con el chal en las piernas, con un vaso de limonada, con la ventana entreabierta y con el pelo en una trenza que llega al suelo... espera que algo cambie su vida, que algo extraño suceda. Recuerda con nostalgia los tiempos pasados, el olor a leña en los pasajes de su antiguo hogar, las risas de niños lanzando nieve, las caricias de un padre preocupado y tantas otras cosas que había olvidado con el pesar de los años; como quisiera poder retroceder en el tiempo buscando en los baúles de antaño esas cartas de amor de su juventud volver a revivir los otoños eternos paseando por los parques de la mano con el hombre de su vida que ahora, se había marchado.
Por primera vez en dos años, decidió pararse de su silla a la hora en la que pasaba el lechero preguntando casa por casa si tenian botellas vacías. Caminó al desván, encendió la luz y revisó baúl por baúl todos su recuerdos, derramando lágrimas por cada verso, vestido o dibujo encontrado, que hermosas tardes de películas... tantos recuerdos olvidados pero ahora se hallaba sola, vieja y desesperada. Bajó las escaleras, se miró en el espejo por primera vez en años...vio a la vieja Cleo de sonrisa de diamantes, pelo brillante y castaño, ojos grandes y llenos de vida, manos delgadas y uñas finas, se vio a si misma vestida con ese traje rosado que su madre amaba, con los zapatos negros de tacón que usó para su graduación. Se vio alegre y joven por primera vez en años.
Tomó el plumero y sacudió la casa, tenía el presentimiento de que alguien la visitaría, ordenó las fotos por épocasy preparó té en su vieja vasija de plata. Pensó en llamar a su sobrina para invitarla a cenar, pero hacía tanto que no sabía nada de ella que era una muy mala idea. Se cambió de ropa se maquilló y espero su visita.
En tantos años que había vivido sola, nunca se fijó que en el jardín descansaba una estatuta pequeña con forma de una mujer espléndida, la observó durante dos horas tratando de descifrar quien era o a quien se parecía, pues esa casa ella misma la mandó a construir y no recordaba haber mandado a hacer una estatua de nadie. Pensó tanto que llegó a la conclusión que alguien la había dejado allí. Tocaron la puerta. Abrió sin temor alguno... una mujer de mediana estatura vestida de rosado con un gorro estravagante estaba ahí clavada en la puerta.
- Cleo - dijo con voz aguda - puedo pasar?
- Claro - respondío Cleo con una sonrisa estupenda. - Te estaba esperando.
Se sentaron a tomar el té, juntas, conversaron alrededor de unas tres horas seguidas. Se veían alegres y ansiosas, revivieron juntas tiempos pasados entre lagrimas y sonrisas se preguntaban por sus seres queridos.
- Cleo, ¿estás lista?
- Sí. Por primera vez lo estoy.
Subieron a la habitación, Cleo se recostó en su cama se ordenó la falda rosa, peinó su cabello y miró el techo, que lindo lo había pedido, nunca se había dado el tiempo de mirarlo detenidamente, angeles y nubes talladas con dedicación.
- Cleo, es hora.
- Gracias.
Cleo cerró sus ojos y se hundió en el sueño profundo camino a una muerte silenciosa, su visita le besó la frente y salió por donde entró, la puerta que mas tarde sería abierta por una familia en busca de un nuevo hogar.
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