Creo que Ana siempre se admiró a si misma. Nunca presumió de su inteligencia, ni menos pasó por una joven de baja auto estima, por el contrario era más común de lo que ella misma creía. Entre tantas cosas que pasaron en su vida hubo una que marcó su vida. Ella misma la cuenta:
Recuerdo bien cuando tomé aquel libro de la repiza ¡lo recuerdo como si fuese ayer! Lo abrí, leí la primera página y me quedé dormida, pues era pequeña y con suerte - mucha por cierto - sabía leer. Siento que alguien toca mi estómago suavemente, una manito pequeña; era mi hermana Sarita, de mi misma edad. "Ni" me dijo, yo reí me gustaba que me llamara así, era la única que lo hacía, ella conocía mis secretos más profundos y sinceros. Recuerdo que fuimos camino a la colina, pues nuestra casa estaba en pleno campo, y al salir te encontrabas con prado y una colina no muy pronunciada a la que solíamos ir para jugar. Reímos tanto esa tarde, nos caímos, sudamos, comimos plantas silvestres y nos ensuciamos juntas. Comenzó a anochecer y volvimos por el mismo camino de siempre ambas, de la mano para evitar perdernos, pero al parecer no fue la mejor idea.
Sarita vio entre los arbustos una sombra, y como era ella más valiente que yo, quiso seguirla "No Sarita" dije, pero ella me soltó la mano y fue en busca de aquella sombra, yo detenida en medio de la oscuridad vi como mi hermana se perdía en medio de las sombras. "Sarita, mamá esta llamando" grité, pero nada sólo se escuchaba la noche que sigilosamente ponía su boca en mi cabeza y la zamarreaba con fuerza, una noche fría en donde el miedo felizmente se va apoderando de todos los sentidos. Recuerdo que corrí, como nunca antes había corrido y el camino se me hacía cada vez más eterno, veía la chimenea de casa cada vez más lejana, por mi lado pasaron cazadores, carruajes y mi vestido se iba tiñendo del color de la noche, me resbalaba y caía, me levantaba y volvía a caer, por mi cara corrían las lágrimas de la desesperación instantánea. El camino era húmedo y seco a la vez, se podía oler la leña de las cabañas próximas a la colina, los perros y pastores paseaban bajo el cielo estrellado y yo, seguía corriendo por algún lugar que no sabía donde se hallaba sólo corría. Era tan pequeña que mis pies eran la mitad de las pisadas de los cazadores. "Tila" grité, y Tila salió de la cabaña en mi encuentro, "Pequeña estábamos preocupados con tu padre", me abrazó y yo llorando desconsoladamente lo único que dije, "Sarita se perdió Tilita, Sarita se fue". Recuerdo cómo papá salió con rifle y gorro en mano corriendo hacia la colina, y Tilita, mi tía; conmigo en brazos lloraba y rezaba padres nuestros cada minuto que transcurría. Vimos como papá se perdía en la noche oscura. Yo quería correr con él, pero mi tía me agarraba con sus manos fuertes hasta hacerme daño en los hombros.
Fue la noche más larga y penosa de toda la vida. "Niña, vaya a dormir mamá cuida a Sarita desde el cielo", no quise escuchar la palabra mamá, pues me dolía más saber que Sarita al igual que mi mamá se habían ido para siempre...Papá volvió pasado el amanecer, agotado, con la ropa sucia y gastada sin nada ni señales de mi hermana, sólo traía con él una cinta que recuerdo perfectamente cuando Sarita amarró su largo y rizado cabello con ella.
"Papá Sarita se fue con la sombra y la sombra avanzó" le dije a papá pero este no escuchaba lo que yo le decía, nunca lo hizo. Cuando le hablaba, siempre esquivaba la mirada y respondía "sí" a todo aquello que yo le mencionaba. Nunca me abrazó, decía que la tía para eso estaba, él daba el dinero y la comida, ella los cariños. Recuerdo cuando fuimos con Sarita a mostrarle la foto de mamá y él en los pies del cerro Rossipé, él sólo miró la foto y bajó la mirada, el silencio reinó por unos minutos, era penoso ver a ese hombre derrotado, con la mirada baja acariciando un sombrero antiguo y mal gastado que había permanecido con él durante ya casi 10 años.
Recuerdo cuando mamá murió, fue una instancia triste pero tranquila, pues nosotras no la vimos morir, más bien fue todo tan rápido. Estábamos con Sarita jugando en el jardín, recogiendo flores y esas cosas que uno suele hacer cuando pequeña; mamá salió de la cabaña y fue en busca de flores blancas, - en ese entonces la cabaña brillaba por su cuidado y madera suave - nos sonrió, nos dijo "Mis amores, hay fresas frescas en la mesa, corran a comer sino papá se las comerá todas" fuimos corriendo a buscar las fresas y ella quedó en el jardín. Estábamos sacando las fresas del frasco, cuando papá salió corriendo & Tilita nos encerró en la cocina. Escuchábamos los gritos desesperados del patrón, & los rezos de Tilita que corría por toda la cabaña en busca de algo que no supimos qué hasta que lo vimos con nuestros propios ojos. Sarita abrió la ventana de la cocina, y salimos por ella dando la vuelta a la cabaña, escondidas miramos cuando Tilita entierra el cuchillo en la garganta suave y delgada de mamá. Sarita corrió & antes de que pudiera hacer algún esfuerzo, papá la detiene tirándola al suelo, Sarita quedó inconsciente. Yo me puse a llorar, y corrí hacia Tilita, que ensangrentada me abrazaba fuerte, sus ojos eran los más bellos del mundo cuando se encontraban bañados en lágrimas. Mamá estaba recostada en las flores con la camisa ensangrentada, y aún lentamente respirando, papá a su lado empañándola. Tilita corrió donde Sarita y la intentó despertar, ésta despertó y corrió donde mamá. Fue una pésima tarde.
Así fue como mamá murió nunca supimos que fue lo que realmente pasó, pero guardo en mi habitación, los zapatos que usó aquella tarde fatal.
"La encontraremos, así tenga que viajar por el mundo para encontrarla", esa misma mañana salimos con Tilita a la colina, preguntando cabaña por cabaña si Sarita había al menos pasado por allí, pero nada.
Pasaron diez años sin que Sarita diera señales de vida. Papá se puso viejo y comenzó a perder la memoria, ya no me recordaba, ni menos a Sarita sólo decía "esa, la que se marchó, no se como se llama". Con Tilita hacíamos las cosas de la casa, salíamos al mercado, comprábamos vestidos, siempre uno demás en caso que mi hermana apareciera de la nada en cualquier momento.
Viajamos al norte del reino, con nuestras cosas y con papá a rastras. Pero éste no soportó el camino, que falleció antes de llegar, su corazón no resistió. Creo que no me dolió tanto su partida, nunca fue un padre ideal, pero sin embargo su mirada me transmitía todo ese cariño que jamás expresó con su cuerpo. Cuando llegamos con Tilita a la nueva casa, nos esperaba el patrón, nos dio comida, casa, dinero y una vida, todo a cambió de que me casara con él ya cumplida la edad suficiente. Accedí sin problemas, no tenía nada mejor planeado para mi vida, así que llegada la edad me casaría con el patrón - que por cierto tenía tan sólo 2 años más que yo, quedó sin su padre muy joven . Pasaron dos años, y la vida ahí fue maravillosa, cumplí la edad y me casé con el patrón, el cuál invitó a su familia del sur a la boda. Llegó gente de todas las clases sociales, desde plebeyos a ricos de la burguesía. Entre tanta gente sólo pude distinguir mi rostro, mas joven, pálido y delgado, como si fuese yo hace un par de años atrás. Me sorprendió verme en medio de la multitud de ricos y pobres. Vestía un vestido hermoso, blanco como el de mamá, y el pelo rizado suelto con una cinta rosada entrelazada. Corrí entre la gente alborotada, y toqué mi hombro. Ella dió vuelta su rostro, era ella, Sarita. "Estas aquí" dije abrazándola, pero ella espantada me soltó, & gritó una serie de improperios; instándome me hizo retroceder hasta llegar donde mi futuro esposo, quien preocupado preguntó: " Alexandra, ¿algún problema?" entre tantas palabras sólo oí el Alexandra, y creo que mi rostro se desfiguro, "Su esposa Señor Rovieus, se abalanzó sobre mí" Fue ahí cuando mi esposo se dio cuenta de el gran detalle de nuestros rostros, eran iguales. Tilita apareció por entre la gente y quedó anonadada sólo hizo el ademán de sonreír pero Alexandra desconcertada preguntaba a Rovieus qué estaba pasando.
La encontramos, pues ella no recordaba nada...esa noche persiguiendo la sombra tropezó y cayó, perdiendo la conciencia, el Patrón la halló el costado del camino, le despertó y ésta sin reconocer mundo alguno aceptó viajar con él. Así pasaron los años y nos encontramos en una fiesta donde ninguna de las dos pudo saber jamás que pasó con mamá y sin saber que desde allí seríamos inseparables.
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