
Tarde como siempre llegó Azura, con sus pies cansados de tanto andar, con su boca seca de tanto hablar, su día había sido sin duda agotador. Miró por la ventana y la nostalgia tomó posesión de ella, pasó por sus pies fríos tocados por la lluvia, los abrazó. Danzó un rato mientras el silencio corría por la casa desatando una tempestad de sentimientos que no estaban. Los dedos de los pies se relajaban y se contraían, la nostalgia los torturaba. Subió por sus finas piernas de porcelana, lentamente, iba tomando posesión de cada parte de su cuerpo mientras el colro blanco tomaba lugares privilegiados en su cabeza. Subió por las rodillas. Sus manos congeladas deseaban que ese momento no hubiera llegado jamás. Sus rodillitas temblaban de miedo; y se preguntaban cosas que nunca se les serían explicadas. Subía ahora por los muslos. El frío entraba por la ventana y ni los escasos rayos de sol podían iluminar esa habitación, Azura se levantó de la silla y ese fenómeno subió más rápido y luego se detuvo en seco, caminó hacia la ventana tomó la protección y la cerró. Pensó en tomar agua pero la cocina se veía tan lejana como el desierto. Pensó en sentarse en la silla, pero no lo hizo. Se sentó en el sillón, tomó un almohadón y lo mordió, la nostalgia se dirigía hacia su estómago, era fatal. En su vientre, débilmente, un sonido se escuchaba. La nostalgia se hacia presente. Siguió subiendo hasta sus pechos pálidos y puros. No se podía detener, que terrible sensación, se puso de pie y caminó al baño, tomó su teléfono y marcó...eliminó aquel número. Salió del baño y la nostalgia estaba estancada en su pecho. Tomó la plantita y la lanzó al suelo, no se sentía nada mejor. Caminó más allá de su valcón, la nostalgia decidía quedarse ahí; tomando fuertemente sus hombros, sintió dolor. Pensó en hacerse daño propio para evitar que su visitante no avanzara. No funcionó. La nostalgia ahora tomaba posesión de su boca seca, ya no hablaba. Subió hasta sus ojos, ahora lloraba, subió a su cabeza, ya no pensaba... bajó hasta sus manos, als tocó, las besó, las mimó, las enamoró... Las manos eran esclavas de una prima desagradable, nadie podía detener lo inevitable. Comenzaron a sudar, estaban agitandose más de la cuenta, Azura entre llantos sigilosos, secó sus manos, las lavó con jabón, secó su rostro, votó los libros, fotos y recuerdos, compró cortinas nuevas & caminó hasta el negocio, le dio la mano a la vecina que feliz estaba de haber ganado algo de dinero en las máquinas de juego, ahora ella se sentía nostálgica sin ánimos y la nostalgia subió por sus manos hasta su pecho...ya estaba contagiada otra vez.
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